(Apuntes circa 1990, o sea, del siglo pasado 🧐)
Introducción:
El escrito que presento a continuación, redactado con bastante apuro, no tiene ninguna intención filosófica. Si hay algo de lo que estoy en contra es de la filosofía. Tampoco soy un antifilósofo. La observación es, en sí misma, contraria a la elucubración: una constata y la otra proyecta.
Su estructura corresponde, en lo que se puede, al orden que en mi han tenido estas ideas, las cosas no están necesariamente concatenadas entre sí. El desorden es un claro reflejo del mío propio, y muchas veces se ve exagerado, precisamente, porque no se exponen los muchos errores que se han cometido antes de llegar a una certeza.
Por otro lado, queda bastante claro en el texto lo que son aproximaciones y lo que son certezas, y mi motivo no es la exactitud, si no que lo humano. El humor puede ser un buen índice.
Lo que me parece indispensable es que si no se ha entendido bien un párrafo, antes de proseguir la lectura, se tome una decisión respecto a él: no me interesa, está equivocado, lo releeré después, es pura basura, etc.
Los párrafos que puedan estar inconexos con el anterior, con el siguiente, o con ambos, no están de gratis.
Si algunas cosas se repiten, mis disculpas, pero el problema estriba, más bien, en lo telegráfico: creo que todos tenemos fácil acceso a cualquier material de consulta o a preguntar directamente…
Por último, lo que se refiere a lo científico será tratado de manera más (no muy) rigurosa, lo misceláneo de manera más liviana. Lo que me parece accesorio está marcado con un guión antes del inicio.
No acompaño bibliografía para no demostrar mi incultura.
¡Von voyage!
I. HOMBRE Y REALIDAD O MUNDO:
(realidad: Conjunto de cosas que tienen existencias verdaderas y efectivas.)
Dan ganas de lanzarse en búsqueda de definiciones tan concretas como la de arriba y tratar de soslayar el problema de la realidad, como todos los filósofos, partiendo simplemente con un axioma o con una tesis.
En este sentido el que más me gusta es Wittgenstein con su “existe el hecho atómico”, que no es excluyente, en vez de Marx con su “sólo es materia (atómico) lo que existe” o “todo lo que existe es materia”.
Pero como aquí no se trata de demostrar un punto, si no que sólo de mostrar, describir conceptos, podemos decir, como punto de partida, que nos parece que existe algo que llamamos realidad, mundo o universo. Está claro que el planteo es idealista y no puede ser de otro modo: Yo soy el que me hago la pregunta y para que así sea está claro que yo contengo la respuesta.
Lo que importa, aún a riesgo de seguir pareciendo idealista, es que la realidad, mundo o universo, tiene que ver sólo con el Hombre, material, y si no hay Hombre alguno, el problema tampoco existe.
De hecho, entonces, es que aquello que se relaciona con el Hombre existe y aquello que no, no.
Dicho más exactamente: aquello que tiene la facultad de interactuar en el sentido físico, con el hombre, es lo que existe.
Esto tiene olor a definición, pero no, todavía es una aproximación.
Las interacciones, para los que no las ubican, nada tienen que ver con la ley causa y efecto. En el campo magnético un polo no atrae a otro, se atraen mutuamente; en el campo gravitacional una materia no atrae a otra, se atraen mutuamente; en el nivel humano yo no le hago el amor a alguien, lo hacemos. Son interacciones y las formas de interacción entre hombre y medio da para una clasificación entretenida: interacciones directas, indirectas, instrumentales, objetivas, ondulatorias, corpusculares, etc., etc., ad infinitum.
Para mí que la clasificación no tiene sentido y que con la actualmente en uso en ciencias es suficiente.
Ahora, por lo que sabemos en microfísica, todo lo que puede interactuar es algo que llamamos como una onda de probabilidad.
Probabilidad de existencia (aquí sí, aquí no, aquí etc. o a lo mejor), y encontramos un fuerte nivel de “incerteza” con respecto a los interactores últimos de cada suceso, pero no hay ninguna “incerteza” con respecto a la interacción. En este sentido y redondeando: sólo existe aquello que interactúa en algún grado con el hombre o, mejor dicho, realidad y hombre son una y la misma cosa: una suma de interacciones.
El problema es ¿por qué la incerteza? y ¿por qué no absolutos en vez de probabilidades que se influyen mutuamente?
Todos conocemos bien la ley de causa y efecto, que como otras leyes de la física tradicional es sólo una aproximación, y que nos predice un resultado; en cambio, con el sistema de interacciones conformado, por decirlo de alguna manera, por microcausas o microefectos, ni las unas ni los otros, ambas cosas siempre, indiferenciables y simultáneas, además tenemos el motivo y el cómo. (A veces los llamamos energía.)
Ahora, considerando que la realidad aparece en la medida que es capaz de interactuar con el hombre (o sus herramientas), lo más distante se manifiesta sólo en los momentos que puede manifestarse, digamos que cuando es más activo. Cuando lo es menos, simplemente no existe para nosotros; para él a lo mejor sí, pero esta cuestión no tiene sentido ni es pensable.
La primera consecuencia de este planteo, aunque obvia no menos atractiva, es que el hombre y su mundo (de ahora en adelante lo llamaremos, simplemente, universo), tienen un tamaño variable, no sólo desde el punto de vista individual, si no que también desde un punto de vista histórico. Y aquí sí que hay harto material para especular: universos atómicos, sub-atómicos, contraídos, expandidos, planos, etc.
La segunda consecuencia, importante es que el tamaño objetivo del universo está regulado por la posibilidad de ser descrito. Sin la posibilidad de descripción la demostración es imposible, lo que determina que la realidad colectiva (objetiva) es directamente proporcional a la potencia del lenguaje. Esto lo veremos, más al fondo, algún día.
A estas alturas ya deberíamos estar más o menos de acuerdo o en absoluto desacuerdo ¿no?
Es decir, o percibimos el mundo en forma semejante, o lo percibimos en forma completamente diferente. Sea cual sea el caso esta percepción es una interacción y no una simple situación de causa y efecto, la onda, que estimula la retina, y lo percibido no es un fenómeno ni ideal ni subjetivo, interpretado por el espíritu o alma, si no que una suma de interacciones que en último término tienen interactores con un valor de incerteza dependiente del tamaño del universo y del sistema descriptivo. El que en este momento esté determinado el valor de incerteza no significa, en absoluto, que no pueda ser ajustado en el futuro.
Así las leyes naturales, no son otra cosa que las leyes de las interacciones entre hombre y mundo. Aquí también hay harto para, otra clasificación: vivencias, experiencias, percepciones, etc.
Supongo que está claro que nuestros cinco sentidos son, individualmente y como un sistema, interacciones con el medio.
Ahora, el que nuestra interpretación del mundo sea tridimensional en lo cotidiano y tetradimensional en lo científico se debe básicamente a fenómenos visuales y mentales (matemáticos) respectivamente. Pero el tiempo no podemos percibirlo, así como los ciegos no pueden percibir el espacio: saben que existe y pueden demostrarlo, así como todos sabemos que hay un mañana y hubo un hace un rato, pero no podemos percibirlo (verlo).
Aunque el ojo percibe en forma cinematográfica y no estática, es decir que registra el tiempo, nuestra mente lo interpreta como una sucesión de fotografías independientes probatorias de los cambios, pero aisladas entre sí. Pero si la memoria integrara todas estas imágenes en una sola sensación, como en una de esas fotografías a obturador abierto en las que se ven las luces de los automóviles como líneas, nuestra percepción del tiempo sería total y nuestra concepción del mundo, de la realidad, completamente diferente.
El lenguaje es sólo lineal al estar escrito. Puede describir más de una dimensión a través de multiplicarse por sí mismo, pero esto, que es obvio, es al mismo tiempo una osadía: suponer para los ejes x, y, z, t o cualquier otro, la aplicabilidad, por ejemplo, del sistema métrico, no tiene por que ser correcto.
(ejemplo: si consideramos el metro desplazamiento como la cantidad de calorías requeridas por kilo de peso para desplazarse un metro lineal, descubriremos que la unidad funciona perfectamente en la horizontal, al lado o al frente, pero en lo vertical el sistema se nos va a las crestas.)
Y aunque todos tenemos claro que no hay dos relojes que marquen la misma hora, hay unas pocas circunstancias en donde esto es lo correcto : dos relojes, ambos puntuales, que marcaban, oh milagro, la misma hora, comienzan a comportarse en forma diferente. Esto aparentemente tan complejo, es en “realidad” bastante simple, al punto que podemos predecirlo con total exactitud (en cambio la cuestión meteorológica, que cualquiera diría más elemental, escapa casi totalmente a nuestro control).
Todo esto es importante para acentuar el que nuestra imagen del mundo es clara sólo en aquellos aspectos que nos son claros; por ejemplo, problemas como el del tiempo cronológico o meteorológico comienzan a manifestarse en la medida que nuestra visión alcanza a los micro o macro sistemas que participan. Antes de esto, simplemente, el asunto nos era independiente.
I Observación:
El hombre es en un universo a su medida, biunívoco a él y de dimensiones (tamaño) idénticas a sus propias dimensiones.
Pero el físico norteamericano Edward Witten, Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, 36 años, afirma en su teoría arrolladora, último grito en física, sobre las “Supercuerdas”, que lo microfísico sucedería en al menos diez dimensiones; de ser así, las teorías de campo quedarían por fin unificadas (Campo gravitacional y magnético). No hay razón alguna para no pensar que sea así, excepto el problema de imaginar diez dimensiones, debido a que tendemos a relacionar dimensiones con espacio, sin considerar que:
II Observación:
La espacialidad es una especial característica de la materia. o, mas bien, una consecuencia del comportamiento de la energía en un determinado orden de dimensiones —nivel x3— inherente sólo a ese orden y un sinsentido, impensable, en cualquier otro orden.
Volviendo al principio:
III Observación:
Lo que conforma la energía que da sustancia a la materia que somos, está en un orden de dimensiones que no hace posible su interacción con nosotros, no es perceptible y, por lo tanto, simplemente no existe, aunque ustedes insistan en lo contrario.
Esto, por supuesto, no significa que no vaya a existir algún día, pero por ahora nada se puede decir del cómo, qué y cuándo va a ser: es impensable o, por el contrario, se puede pensar o sentir lo que se quiera. Y :
IV Observación:
A todas luces, hombre y universo son una y la misma faramalla.
O dicho de otra forma, «el hombre está. inmerso en un paréntesis material, en medio de lo inexistente.
Ì No es posible hacerse imagen exacta alguna ni de lo que está. en el cielo, ni de lo que está en la tierra, ni más abajo tampoco.
De la misma manera que el universo objetivo es lo mismo que el hombre colectivo (género), el universo individual es lo mismo que el individuo y tiene sus dimensiones Entonces:
V Observación:
Cualquier otro universo que no sea el mío propio es impensable y si lo es, ya es el mío propio.
Claro que todo esto, aunque confuso, parece harto razonable pero, ojo, no son juicios, son observaciones comunicadas a través de un lenguaje con limitaciones por doquier. En ningún caso son verdades taxativas. Son invitaciones a observar donde mismo y, ojalá, lo mismo.
La confusión disminuye si nos miramos como una especie de cámara fotográfica: nosotros lente y cámara obscura; fuera, el mundo: la biunivicidad es total. Pero toda lente tiene aberraciones: Nuestro caso particular es que no podemos ver la luz, más bien dicho, que la luz es invisible: nada hay que la ilumine aún.
De aquí se pueden sacar tantas conclusiones como para llenar un libro de ciencia ficción…
VI Observación:
El hombre sólo puede desplazarse donde también la luz puede desplazarse (con la posible excepción de los cristales: el desplazamiento a través de un vidrio es ó muy lento o peligroso, pero es posible. Se ve siempre en las películas).
Y esto es un límite: sólo se puede ir donde se puede ver, personal o instrumentalmente. Esto, en escala humana, es el principio de incertidumbre.
Además sabemos que la cantidad de energía es eterna y constante (Eterno: sin principio ni fin), sólo sufre de cambios, es decir, interactúa. Esto sólo significa que no es susceptible de ser definida en términos de tiempo (medida sí, definida no).
Como, entonces, el hombre es en un espacio luminoso (entendido como hábitat) conformado sólo por lo que reacciona con él, de sustancia atemporal y que en último término existe en forma intermitente, se desprende fácilmente la:
I Constatación:
El sistema sensorial es objetivo, da realidad al mundo como un todo con la sola excepción del yo: la interacción objetiva, en el mundo real, con uno mismo es imposible, por lo que uno mismo tiende a ser inexistente (para uno mismo en el mundo objetivo).
El cómo pueda ser el hombre de un mundo sin espejos es digno de otro juego, pero sí se puede decir que desde al menos cinco mil años estamos en la misma cultura reflexiva.
Esta cuestión de la imagen es importante. Se nace sin una imagen de uno mismo. Se tiene una imagen del mundo y sólo conciencia —al menos en parte— de uno mismo. El yo es una incógnita que se manifiesta como tal frente a la primera imagen especular. Imagen simétrica, invertida de sí. Ha de ser un gran shock esa imagen. Un poco como el shock de la propia voz grabada pero multiplicado a la totalidad del ser.
Sin duda es imposible integrar estas dos versiones de sí. La interna, obscura, desdibujada y llena de impulsos incomprensibles desde el punto de vista del lenguaje, y la otra, plana, inaccesible, siempre al otro lado del espejo, pulcra y luminosa, y con algo o demasiado grande o chico, moreno o rubio.
Se esperaría que la imagen externa fuera una especie de positivo del interior; pero sucede lo mismo que con la máquina de fotografías : el exterior (la carcaza) nada tiene que ver con las imágenes. Hay máquinas más lindas que otras, pero todo depende del fotógrafo.
II Constatación:
El interior del ser es el mundo, así como el exterior es el mundo ahora. El yo es la elección de la imagen inexistente de sí, ante la imposibilidad de ser el mundo. ¡Precaria situación ésta!
La imposibilidad de ser el mundo es por su constatación. Como la realidad objetiva se constata con otros individuos principalmente a través de una serie de nombres convencionales, estructurados a su vez por una serie de leyes también convencionales —el lenguaje— o sea, se constata a través de la comunicación y ésta no es tal cuando encontramos que algunas convenciones no corresponden total o parcialmente, al objeto que se refieren, se genera, inevitablemente, la incertidumbre.
Por ejemplo, los pronombres personales de la 1° y 2° singular en casi todos los idiomas; así como todos en el inglés menos la 3° singular, o como la mayoría de los posesivos en el español (mi vida, ma vie en francés) son de genero indeterminado. Y ¿qué importa? dirán ustedes Mucho. No se puede traducir “ellas”, “nosotras”, al inglés. Y así todo lo que ustedes quieran descubrir.
El único que tiene claro qué quiere expresar con “yo”, soy yo. Y yo tampoco. De mi yo, en otro, para mí, no hay nada, excepto mi imagen inexistente, invertida por el espejo, pero mi interlocutor no me está mirando en uno…
Por supuesto que mayores descripciones a través del discurso pueden llegar a precisiones extraordinarias, y totales desde el enfoque del orador, pero a pesar de la incerteza inicial, constante e inevitable, el nivel de precisión no sólo va a depender de la cantidad y dominio del lenguaje del usuario, por un lado, y del escucha, por el otro, si no que básicamente de su uso y de otras dimensiones que puedan participar: v.g. inflexiones de la voz, expresiones, figuras gráficas, e.e.t.t.c.c.
La eficiencia del lenguaje queda supeditada, entonces, a la capacidad de los interlocutores de constatar que las convenciones son tales: que la mesa en cuestión es ésta de tres patas y no esta otra de seis, y que las cartas que se van a poner sobre ella son estas inglesas y no la correspondencia bancaria de los últimos tres meses.
Ì También hay que dejar en claro que los nazis no mataron muchos porotos y que a mí no me gusta comerme a las judías granadas, por ilustres que sean.
¡Ejemplos groseros para un problema grosero!
Las convenciones, a veces, son muy fáciles con respecto a objetos: solo a veces, En lo subjetivo son imposibles: mi alegría, mi dolor, mi angustia, mi apetito, mi excitación, son convencionales únicamente en sus manifestaciones exteriores y constatables en su exterioridad. En el interior tienden a la inexistencia, a lo imperceptible: lo incompartible.
La presión de lo objetivo y la vaguedad de lo subjetivo se hacen insoportables y queda una simple elección: yo soy yo, el del lenguaje, el de la existencia, el del yo indeterminado pero cierto, el simétrico del espejo pero visible.
Esta es una elección que uno supondría temprana, cuando comienza a adquirirse el lenguaje, pero debe repetirse constantemente, casi a lo largo de toda la vida.
Como al lenguaje le es propio la lógica, la ética y estética, y es asiento de la moral, como también estructura única del pensamiento (Wittgenstein), se transforma en el mayor censor y crítico del mundo. O sea, al fin y al cabo, del yo: el inexistente, el yo repulsivo que insiste en manifestárseme con sus secretas obscenidades, aunque cada vez en forma más tenue e indigna de crédito, hasta que algún día, por fin y en muchos casos, terminará por desaparecer.
Es decir: el yo de mis sueños, a veces dormido, a veces despierto, no soy yo, ni se me parece. Es otro yo: entretenido o pavoroso, sin importancia, y, mejor aun, sin existencia real…
Cierto, cierto, cierto. Hum.
III Constatación: El hombre es, en lo objetivo, en y el lenguaje, y contiene todas sus imperfecciones.
Corolario: El lenguaje es sólo en lo visible.
Pero, y éste debería ser un pero muy grande, de neón rojo, el lenguaje, con sus leyes propias; su lógica, es un monstruo colectivizante que se apodera del individuo, limitándolo a formar oraciones —desde nuestro enfoque, entonces, formas del ser— contenidas entre los límites del discurso y preprogramadas por la gramática.
(Se puede ser “a” algo por incultura, no por decisión: amoral, apolítico, ateo, asexual, etc. Pero si es por decisión, entonces son actos políticos, morales, teológicos o sexuales. Sí y no ¿no es cierto?)
Entonces ¿dónde está la lógica del tercero excluido? ¿La lógica de la no contradicción? ¿Dónde tienen realidad las situaciones bivalentes?
Definitivamente fuera del lenguaje, fuera de la realidad. En el mundo sí: te quiero y te odio —te emociono total—, pero en lo objetivo, en lo social, jamás.
Aquí podemos revisar esta cuestión del mundo como el yo propio: lo que está pasando ahora, en el exterior objetivo es un status quo. La situación, abstraída del tiempo, se refiere a un todo que en cada instante, cualquiera, sufre de un cambio y deja de ser lo que era. El registro de esta sucesión de cambios está única y exclusivamente en el hombre. En la memoria, en diversas formas, en todos y cada uno de los hombres y, por supuesto, en la historia: un atado de escritos sobre lo que ya no existe, del todo, susceptibles de ser leídos sólo por el hombre.
Fuera del hombre: Nada. No sé si ahora queda más claro.
Volviendo a lo anterior, en matemáticas, benditas matemáticas, más/menos tres —una contradicción— satisface la ecuación: uno de los dos, cualquiera, o ambos. Los matemáticos para no enredarse la vida, dicen que son opuestos y no contradictorios. Algo tienen de razón, pero para el número de cucharadas de azúcar que debe llevar el cake, antigua receta de mi tía Martita Subercaseaux, el asunto es contradictorio.
La ecuación nos muestra que todo lo desconocido —las incógnitas— son cognoscibles en función de términos conocidos. Es decir que todo lo existente limita en lo conocido. Y ¿es esto posible? Pues, claro. Con cualquier lenguaje descriptivo. Con nuestro lenguaje convencional es imposible: hay que conocer antes de nominar, o, en última instancia, recurrir al mito.
La filosofía ha tratado de dar diversas definiciones de la matemática, demostrando que ella no es susceptible de ser definida por el lenguaje. Y esto es por dos causas, según yo. La primera es porque la matemática y sobre todo el cálculo o análisis, es un lenguaje descriptivo: no nomina la cosa, si no que dice dónde y cómo está la cosa, y a través de la física puede, por ejemplo, describir completamente la cosa, incluyendo su comportamiento. De esta manera, cualquiera puede ir y ver la cosa y como el lenguaje convencional está ahí donde se ven las cosas…
La otra causa es el espacio matemático (prefiero espacio a campo). Este es el espacio donde sucede el mundo y por eso sus sistemas pueden describirlo. Pero las matemáticas, como estructura del mundo, son impensables, son una cualidad del hombre y como tal son equivalentes.
Esto sí que da harto para cavilar.
Hay personas que tienen problemas para entender lo impensable y es lógico porque están acostumbrados a tratar sólo con cuestiones pensables. Pero, por ejemplo, el propio rostro, si no existieran los espejos, sería impensable; así como el universo no es pensable por fuera: sólo tiene un dentro.
Y no hay que olvidar que el concepto de número es sólo una parte de las matemáticas. No son la misma cosa. El número, como todo lo demás, es posible en el espacio matemático, n- dimensional, con limites tendiendo al infinito. Esto parece muy complicado y la, verdad es que para la gran mayoría de la gente sí lo es:
IV Constatación:
Todo acto matemático es una introspección.
Como mi postura parece claramente intuicionista, quiero aclarar que como lego no veo ninguna incompatibilidad entre el intuicionismo, el axiomatismo y el logicismo, sino que me parecen tres aspectos conscientes de un mismo suceso que, al igual que el universo, es mudo. (No sea cosa que alguien vaya a creer que yo entiendo mucho de esto: ojo)
VII Observación:
Materialismo e idealismo son los dos aspectos participantes del todo y su discusión es más que absurda (¿idiota?).
Antes que se nos olvide, hay que mencionar una sutil diferencia entre los hombres: también están las mujeres (esta generalización al plural masculino es algo que debería analizarse). A lo largo de toda la filosofía los hemos supuesto entes iguales. Pero con respecto al ser hay una fundamental diferencia:
V Constatación:
La tendencia a la inexistencia de uno mismo, transmitida a la mujer en la estructura del lenguaje se ve rebatida en ellas por la potencialidad de la reproducción. No hay mejor argumento del propio ser existente, que el hijo originable en la propia corporalidad.
Esto, que es una virtud, normalmente se transforma, en una gran desventaja. El temor tan común a la no consecución de la maternidad, así como la confirmación de la existencia del repulsivo propio yo interior, pueden producir polarizaciones extremas entre el yo exterior y el propio mundo. La búsqueda ansiosa de la confirmación de la existencialidad genera tanto un exceso en la necesidad de manifestación del yo especular, el yo Harper’s Bazaar por un lado, como un total desprecio por él, con la consecuencia de una desvinculación absoluta en el ser: una desconección entre el mundo lingüista y el propio.
Todos estos problemas de integración del ser dan ganas de asimilarlos a sicopatologías. Pero creo que son más bien problemas mecánicos del entorno (mundo) y no de las estructuras del individuo. Pueden ser y muchas veces son causa de patologías más o menos severas, que conciernen a la psicología, pero eso es, sin duda, terreno futuro para una antropología más consistente.
VI Constatación:
Las interacciones con el medio pueden ser desagradables, es decir que sean lo menos intensas y/o perdurables posible, o placenteras, lo más intensa y/o perdurables, y ambas implican una necesidad.
El efecto tiempo (corto o largo) me parece indispensable para entender las emociones, que no son más que la necesidad de una determinada durabilidad e intensidad de un estímulo. Algunos para siempre, otros para nunca, y la simultaneidad de ambos cuando lloramos al final de la teleserie.
En este sentido pueden darse innumerables reacciones frente a igual número de estímulos en un solo conjunto (situación emocional) generando infinitas variables: desde el paladeo satisfecho de un helado hasta el sadomasoquismo.
Aquí prefiero hablar de estímulos y no de interacciones ya que el nivel yo no es consciente de su participación en una interacción, sólo es consciente de la parte estímulo externo.
La calificación de estos estímulos en términos placer/displacer tiene como componente esencial el que confirmen o nieguen la existencia (en forma amplia).
Ì se podría efectuar un gráfico intensidad versus tiempo en x e y para comprender las emociones, y con tiempo nuevamente en z, para comprender los afectos // o cualquier otro juego.
Da, ahora, la impresión de una postura existencialista. No es así: es realismo, y no entendido como anti idealista, ni anti nada, ya que en los universos individuales todo es posible.
Es importante considerar cada elemento del lenguaje como un estímulo a su vez, con resonancias de diversos tipos en diversos ámbitos.
La palabra no es sólo un estímulo sonoro, además es un activador de la memoria: primero para ser expresada y por la retroalimentación al ser, a la vez, percibida (una interacción). Se genera una suerte de situación bidimensional aterradoramente realista. Parece definitivamente cierta, al punto de ser aceptada sin más ni más, mientras no desagrade… y con las oraciones lo mismo.
Así como es emocionante verse, también lo es oírse, y no sólo las cosas me dan existencia, si no que yo también se las otorgo.
Se produce entonces que los nombres se aprenden con una carga afectiva que puede mantenerse o variar según el desarrollo posterior, pero que liberan a los nombres de su contenido objetivo: p.e., casa, sillón, nación, libertad, democracia, leche, poto, Augusto, Ronald, verdad, etc., etc., etc. es decir, todas las palabras, todas.
Ajá, dirá más de alguno. Lo mismo dije yo. Pero el escepticismo a nada conduce…
Cuando hay oraciones colectivas con la misma carga afectiva, tenemos que suceden las tradiciones.
Se podría pensar que estoy presentando un humano inicialmente vacío y que va siendo llenado paulatinamente por el mundo. Está claro que se nace con una gigantesca cantidad de información; desde niveles subatómicos hasta orgánicos, configurando sistemas que permiten comportarse como se debe, en el momento adecuado, asegurando la prolongación de la vida, y configurándose, a veces, como estructuras de sistemas de información (inteligentes) que se proyectan a múltiples áreas del comportamiento posterior (Freud).
Toda esta información también es parte del mundo y aunque muchas veces no es expresable, incide en su carácter y su evolución.
Por último, el lenguaje nombra o muestra la cosa pero no la construye, lo que la matemática sí puede. La oración, el discurso tiene dos ó más dimensiones en el mundo propio, gracias a la retroalimentación, pero el interlocutor lo recibe solamente en una. Para comprenderlo, transformarlo en una vivencia propia, hay que hacer un esfuerzo para agregar otra dimensión.
VII Constatación:
El contenido cualquiera del discurso sólo tiene valor como un índice, una invitación, pero jamás se podrá considerar como una verdad existente.
Lo expresado a través del verbo no será nunca una demostración y la Historia más que una atroz simplificación aproximada.
II. LO INCOMPROBABLE: MITOS.
(Mito: Fábula , ficción alegórica, especialmente en materia religiosa. // Cosa inverosímil)
Sin la más leve duda, todos tenemos muy claro qué es un mito aunque olvidemos su primer requisito: siempre es ajeno. Es una creencia de otros. Si es propia entonces es o un ideal político o una religión o una concepción verdadera del mundo u otra cosa.
También tenemos clara la necesidad de los mitos para explicar partes inexplicables del mundo pero lo que no está claro es si esta necesidad es inherente a lo humano o se debe a un vicio del lenguaje.
Hay un profundo absurdo en preguntarse cómo fue lo que existió o como será lo que existirá: ambas preguntas se refieren a lo que no existe (en el ahora).
De todas maneras, la predicción del futuro, como un presente próximo, parece ser de singular importancia, pero éste sólo puede ser inferido a partir de un presente medido, nunca, de un pasado relatado —la historia—. Sin duda la cantidad de presentes medidos debe ser razonablemente grande para una predicción certera o para una construcción efectiva del pasado.
Ahora, como un ejemplo (bastante malo), podemos ver claramente que en el año 1800, ni el mismísimo Verne, con cincuenta años, podría haber predicho, a la luz de los últimos 2000 años, la revolución del siglo que vendría. Nombro a Verne porque creo que más que premonitorio en su obra, escribió sobre un profundo deseo, sin duda colectivo, de hacer lo que hemos hecho. En este sentido me parece más un gestor que un visionario.
Cualquier predicción seria habría guiado, en esa época, al Apocalipsis.
Es obvio que la explicación del presente en términos del devenir o del pasado, y sus incógnitas, son problemas mucho más arduos que los meteorológicos. Cuando no entendíamos el trueno, lo atribuíamos a voluntades superiores que aparecían como súper imágenes del yo.
El trueno y las fuerzas naturales, han desaparecido como misterios. Ahora sólo queda como tal un tenue por qué ¿Por qué todo y así?
Y aquí está mi duda, insisto, si la necesidad de respuesta a este por qué está en mi carne y no es una consecuencia de las leyes del lenguaje.
Queda por descontado que la respuesta, como en el caso meteorológico, se va a buscar afuera, en lo inexistente, en el pasado o en el futuro, pero no en el interior, en el presente, en el mundo. Y no puede ser de otro modo ya que creemos que es el yo el que tiende a lo inexistente… Pero aunque muchos digan que una introspección de este tipo es imposible, creo mucho más probable explicar o solucionar un problema, observando el objeto de él —en este caso yo— que buscando en lo intangible.
A este “por qué yo y cómo” se suma, para más remate, la incógnita de la muerte y el temor que ella implica.
Pero al menos sabemos algo de la muerte: sabemos que es el fin de la existencia en nuestro mundo y también sabemos que se debe, en última instancia, a que los sistemas que aportan la energía necesaria para mantener la vida dejan de aportarla. La vida se puede considerar como un trabajo constante para evitar lo inerte; para no dejarse ganar por la 2° ley de la termodinámica. El sistema vivo, en profundo desequilibrio energético con el medio, requiere de dosis constantes de energía para mantenerse como tal. Si estos cesan, lentamente tiende a la entropía.
Bueno, y ¿qué pasa conmigo?
Por una parte el alma puede desprenderse del cuerpo e irse al cielo, por otra puede nacer en otro cuerpo, etc., etc. Lo que sí sé, es que para mí el asunto está lejos de haber terminado.
Tenemos la seguridad de que el yo, nuestro mundo, se aloja en un complejo electrobioquímico, de múltiples niveles, dominado por las leyes de la energía. Y esto significa, básicamente, que si en este mundo algo va a ser reprimido, se reprime con energía y, si algo va a ser satisfecho, se satisface con energía. Se ve que las diferencias de potencial en el complejo pueden llegar a lo inimaginable.
Así, todo está registrado en una dinámica atemporal. El tiempo psicológico, se ve en los sueños, no tiene ninguna correspondencia con cl cronológico. Todo sucede en el tiempo que toma un proceso electrobioquímico: segundos que pueden ser tosa una vida.
Bajo circunstancias especiales, cómo en la hipnosis, por ejemplo, se demuestra que todavía se es lo que se fue. El psicoanálisis es otra prueba.
(El tiempo psicológico se observa claramente al preguntarse cuánto es ocho por nueve o seis por siete. La respuesta es inmediata.)
De esta manera, bajo cualquier circunstancia de muerte, con excepción de la electrocución, en un lapso de tiempo relativamente corto en lo objetivo, estas innumerables diferencias de potencial deben reaccionar por fin. El equilibrio total.
Los temores y sucesos reprimidos, las angustias, las cuestiones inconfesables, tanto como las necesidades profundas jamás satisfechas, todas las polarizaciones extremas del mundo que conforman el yo, se liberan para encontrar el equilibrio: es un sueño. El último sueño, que desde el yo, con su tiempo propio, perpendicular al cronológico, puede ser considerado como eterno.
El que este sueño sea para siempre es difícil de entender, pero lo que sí es fácil de entender es que estamos decididamente frente al cielo o al infierno: dependiendo del contenido psíquico de cada uno, ese puede ser o el mejor de los sueños, o la más atroz pesadilla
Ahora, no nos olvidemos de los testimonios que todos hemos oído, a mi modo de ver harto dudosos, de supuestos resucitados que han visto más o menos lo mismo. Sin duda que necesidades intensas y colectivas podrían traducirse en esto, o en paraísos, orgías, mundos felices o pozos llenos de arañas… ojo.
Alguien diría que no es posible tener conciencia de un proceso así. Correcto: en los sueños tampoco hay conciencia y además, hemos suspendido la energía que sustenta la vida, vida queda aún por un rato bastante prolongado.
Por lo demás, ¿y si la conciencia se sustenta en la energía «desprendida» por los procesos electrobioquímicos… ?
Mucho más se podría decir al respecto y aún más sobre las excepciones, pero aquí lo que importa es la resistencia que produce una explicación realista, acertada o no, y la preferencia afectiva por el mito incomprobable.
Se entiende que la compra de un boleto de lotería actúe como un paliativo frente a la angustia económica, pero sólo es un paliativo económico en el poco probable caso de acertar un premio. Frente a la angustia existencial el mito puede actuar de la misma manera, pero dada su incomprobabilidad bien vale el esfuerzo de tratar aquí, ahora, el motivo de la angustia.
Aunque esto ya lo he hablado con muchos, vale la pena recordar con que fe y fervor todos hemos vivido los mitos de la infancia: el Conejo de los huevitos, el Ratón Pérez de los dientes, el Viejo Pascuero y por último, algunos, el Ángel de la Guarda.
Muchos van a insistir en que nunca ellos creyeron en el Ángel de la Guarda, pero otros me van a decir que sí existe y algunos miembros de la iglesia así lo afirman. El asunto da lo mismo pero en Chile hay más de 50.000 niños quemados al año, por ejemplo, que demuestran que el Ángel Guardián está supeditado a extraños caminos o misterios profundos. Creo que actualmente muy pocas personas confiarían un niño al exclusivo cuidado del Ángel, y es más bien en estos casos cuando se producen los accidentes.
Ahora muchos verán en esto mentiras piadosas y, al menos yo, no veo piedad en el engaño. Todo lo contrario. Como cualquier otro animal, la realidad nos es una cuestión a la que estamos preparados a priori. Si nadie nos hubiera contado nada sobre la existencia del Viejo Pascuero, jamás lo hubiéramos pensado, ni necesitado, ni habríamos vivido la desilusión de su no existencia.
Con la religión pasa algo semejante. No se trata de decir aquí si Dios existe o no, o si la Iglesia tiene o no razón. La cuestión es que alguien vino y nos habló de Dios: nosotros no lo inventamos, y algunos le han conocido a través de la gracia de la Fe. Lo que es incomprensible es que otros, la mayoría, descuarticen este cuento a voluntad. Como decir “te creo lo del Viejito Pascual pero no que tenga barba y que ande en trineo”.
El mito o se toma globalmente o no se toma. Diferente es si se tiene una visión divina o un Contacto místico que le diga a uno “cree en esto y no en esto otro”. Tampoco puede este asunto llegar a interpretarse: “Yo aquí no entiendo que diga no cometerás adulterio, aquí dice no fornicarás”.
Pero no: el mito se descuartiza e interpreta a voluntad, para que así no sea motivo de angustia, demostrándose que sólo se usa como un paliativo.
El que incluya todo lo místico en los mitos es simplemente por su incomprobabilidad, y, aunque muchos conocen mi postura, no pretendo en absoluto menospreciar las ideas religiosas, en la medida que consideren al hombre en lo global y sean coherentes con él
En este sentido se han producido distancias extremas entre hombre e Iglesia. No podemos afirmar que hemos evolucionado pero hemos crecido y la sociedad también. Quizás Moisés ahora nos diría “Cuidarás a la Naturaleza por sobre todas las cosas”, “No Manipularás Genéticamente”, “No intentarás subir a los cielos por tus propios medios”, “No te dejarás incitar por la mujer de tu prójimo”.
Pero nada de esto importa. Los mitos han ido cayendo de a poco frente a verdades evidentes: Adán y Eva, con la alegoría del paraíso, se tornaron insostenibles, como la cigüeña, después de quizás cuántos siglos. Pero en todo esto hay algo sabio: si el hombre salió del Paraíso por conocer el Bien y el Mal, su trabajo para volver a él, su obligación, es olvidarlo.
Ahora, antes de cambiar de tema, como ninguna noción tenemos de la realidad de los Mitos, pero sí sabemos que la angustia es suficiente razón para crearlos y creerlos, podemos decir que lentamente se han vuelto contra los hombres, paralizándoles, y que ahora Dios, al menos en occidente, es la actividad humana menos colectiva. El politeísmo es casi total: tantos dioses como creyentes.
Ahora, el ¿por qué yo y cómo?, o, generalizando, ¿por qué los hombres y así?, es la pregunta que produce más ganas de fantasear pero creo que precisamente por esto es aquí donde hay que ser más pragmático, y para analizarlo es preferible, de nuevo, tomar un elemento individual —yo— y después generalizar. Las respuestas, obviamente, son obvias.
Entonces, ¿Cómo fui creado?
Yo, al igual que ustedes, fui creado por la cópula (por decir: ¡cómo Dios manda!) de mis padres, a sus imágenes y semejanzas, y espero que bajo un placer intenso.
Obvio. Pero esto no explica nada, me dirán.
Yo creo que sí explica. Desde el punto de vista estrictamente biológico yo fui por mis padres, cada uno de ellos por sus padres, estos igual, ad infinitum, por siempre. El mismo sistema es constante e invariable. Hace trescientos mil años cualquier yo tenía el mismo por qué. Y ¿por qué así? Porque es harto rico.
Oh, Dios, qué vergüenza exclamaría, mi tía Martita y más de alguno de ustedes, en el fondo, también, pero disimulado detrás de un “qué ordinario”.
Correcto, esta respuesta proviene del mundo repulsivo, de este lado del espejo, de lo inexistente; por algo la gran mayoría del mundo lo hace a obscuras, para no verlo y por eso nos vestimos: para ocultar que la vida se hace por placer.
Al fin y al cabo, el placer (como el dolor) es el último argumento que le queda al mundo propio para sentirse existente, y es, también, el principio de la vida. Todo lo que la sustenta es un placer: dormir, comer, copular, beber, respirar… y ¿el trabajo?
Este nada tiene que ver con la vida en forma directa: tiene que ver con la sociedad.
Subirse a un árbol para tomar una fruta, o cazar un animal son placeres que abren el apetito. Deportes, ¿me creerían?
Aquí conviene un paréntesis fantasioso: un Kiko en un mundo sin espejos, no tengo mucha conciencia de mi debilidad ni problema de autoestima, soy bastante similar a los demás, si los hay, y me aparece un delicioso mamut, joven y tierno, y yo ya sé, después de muchas pruebas y carreras a las que he sobrevivido, que a los mamuts les duelen terriblemente los piedrazos en la cabeza, al punto que después de 3 o 4 bien dados con una piedra de 15 Kilos, se desploman quedando como si estuvieran servidos en una fuente. El problema es cómo diablos treparse al mamut: obvio que requiero de un árbol y un mamut adecuados, que hay por montones, y si no el de los piedrazos va a ser un dientes de sable, o si la suerte no va conmigo, alguna liebre desubicada o una exquisita cebra faisané, después de 4 o 5 días muerta, si es que no me parecen más apetitosas las hienas. No hay animal en la tierra que no pueda cazar por mis propios medios y solo, si es que estoy bien entrenado —pregúntenle a un buen karateca.
Como existe la teoría que dice que hemos evolucionado de manera que cada vez somos más adecuados al medio ambiente y esta teoría se ve ratificada por la genética, que nos indica (Dobzhansky 1964) que el 20% de los individuos nacen con genes mutantes que favorecen la selección natural y la evolución, me siento obligado a postular lo opuesto. Primero, que el 80% si no más, no sufre de mutación alguna, generando así hijos sin cambio alguno y que el 20% mutante, si no menos, sufre, en su mayoría, de taras que impiden su sobrevivencia y, segundo, que obviamente hace ya bastante tiempo, mucho, mucho, que dejamos de estar adecuados al medio, obligándonos a crear un ambiente por cuenta propia. En este sentido la evolución ha sido a la inversa, y el Kiko del mamut mucho más efectivo que yo.
Ahora, otro punto que hay que recordar, aunque lo dejemos en veremos, es: “si el incesto fuera en verdad tan repugnante, no habría ninguna, necesidad de legislar al respecto, con castigos tan severos” (Freud, cita aproximada). Hay una tendencia manifiesta al incesto en los humanos que se reprime con todas las fuerzas sociales. ¿Por qué? ¿Y si mi hermana está harto buena, por qué no? La respuesta es simple: Homocigota, (aquí un escalofrío debería recorrerles la espalda) y la certeza del cambio, para bien o para mal…
Seguro que en más de algún momento el cambio debió de haber sido útil. Si era para mal, no importaba, el nacido moría. Si era para bien, fantástico. Claro que esta situación únicamente funciona con los mamuts: sólo si se puede cazar se vive. En el poblado establecido con agricultura, o en zonas privilegiadas para la recolección, el nacido para mal tiene muchas más posibilidades de sobrevivir y llegar a reproducirse. ¡Horror!
Entonces la vida por placer también implica un peligro. El peligro de que ahora la vida puede cambiar en condiciones muy favorables a las taras que sólo confirman el lado repulsivo del yo. Esto merece más estudio.
Lo que sí está muy claro es que la vida proviene del sexo y que el sentido primero de la vida es continuarse, es decir, el sexo.
Si todos decidimos hoy seguir el camino de la Iglesia y ser sacerdotes…
¿El motivo de la vida? Sin duda, la vida.
A la luz de mi situación individual y de lo que vemos ahora, el hombre fue creado por sus padres, seguirá siendo creado por sus padres para siempre, aunque el laboratorio tenga muchas ganas de reemplazarlos, y esta situación, aparentemente, siempre ha sido igual, al menos desde el cuaternario (1.000.000 de años), o sea más de 40.000 cópulas efectivas (apliquen aquí la inducción matemática.).
Entonces ¿el ser humano sería eterno? Pero, si descendemos del mono… ¡No! La teoría indica a un “eslabón perdido”, un pariente del hombre y del mono, del que no hay rastros, del que sólo hay supuestos. Tratar de imaginar como era mi antepasado N° 66.666 es tarea ardua, pero algo es seguro, era mi pariente y mi vivo retrato.
Son verdaderamente sorprendentes los esfuerzos por tratar de demostrar que alguna vez, remota, nuestro nacimiento no se debió a una cópula… Una fuerza divina, una serie de casualidades químicas, o lo que sea, cualquier cosa, con tal que no sea el maldito sexo pecador. Pero, pase lo que pase, mientras no haya un milagro o una máquina del tiempo, todo al respecto va a seguir siendo indemostrable.
La pregunta que sí podría hacerse es ¿por qué no hay un milagro? ¿por qué Dios no se nos manifiesta desde hace casi dos mil años? Muchos dirán porque no existe, otros dirán que es porque quiere que encontremos nuestro propio camino.
A mí me gustaría decir que no soportó tanta mentira y deformación de lo creado por El y simplemente nos abandonó. Da lo mismo, cualquiera que sea la situación, tenemos que encontrar nosotros las respuestas, buscando en el ahora, sin olvidar que en muy poco tiempo más, si no ya mismo, vamos a estar capacitados para llevar el desastre ecológico que es nuestra existencia a algún otro lugar en el universo, por si nuestro planeta se pone viejo o feo o inútil. Es el futuro y no quiero decir que así ha sido el pasado porque, creo, el problema definitivamente no interesa.
Supongo que esto no producirá mucho escepticismo ¿Cómo nos vamos a ir a otra parte si aquí todavía no podemos controlar el problema del ozono? Espero que ésta no llegue a ser la causa por la que lleguemos a meter 10 machos y 30 hembras, algunos de ellos hermanos, en una lata de sardinas ecológicamente equilibrada y mandarlos sin más a vagar por el espacio, reproduciéndose quizás cuantas veces, hasta que encuentren un lugar donde vivir.
¿Ciencia ficción? Harto más probable que cualquier fantasía mística, sobre todo que para que esta ciencia ficción sea realidad, sólo falta la urgencia.
Para terminar el paréntesis fantasioso, queda por decir que Noé no habría sostenido jamás a su tripulación con recuerdos, en su caso el pasado que mereció el castigo de Dios, sino que sólo con esperanzas, y que cuarenta hombres en un planeta nuevo, difícilmente podrían construir algo más que una sociedad muy primitiva. Así como los cambios morfológicos que produciría un nuevo ambiente en ellos, que habrían vivido 15 o más generaciones sin gravedad, darían mucho que hablar a sus descendientes.
Qué lejano parece el Yavhé de Moisés de los hombres que conforman los cuantos cientos que están siendo entrenados por la NASA o los rusos, preparándose a la aventura espacial. Y la pregunta clave, ahora, es si la nave que algún día lleve la semilla de la especie a alguna parte, debe o no llevar espejos…
Entonces, frente al problema del “por qué yo y así”, prefiero callar y solamente decir que de todo lo que conozco, de todo lo que existe en mi mundo, sólo nosotros, los hombres, somos capaces de preservar la vida sobre cualquier avatar ¿Y los mitos? Sin ellos y sin el lenguaje del mundo reflexivo, todavía estaríamos en el paraíso, pero en un paraíso finito, con los días contados.
(continuará)
Intermedio:
Es indispensable interrumpir aquí este asunto. Escribir o corregir más harían de esto una cuestión interminable. Faltan acentos y hay comas que merecen ir una palabra antes. La cosa es entregar.
Lo que se refiere a lo general ya está dicho y lo que espero que venga después, en un futuro cercano, son sólo cosas puntuales, que me parecen muy importantes, pero más que individuales, son colectivas.
Los griegos dejaron un muy claro significado para carácter y persona: el primero lo profundo, lo grabado, lo inamovible; el segundo, el eco, la máscara. La psicología actual ha invertido el uso de estos términos, otorgándole al “carácter” el sentido dramático: el de rol, el papel a actuar ¿Por qué? El hombre ahora es máscara y argumento.
Esta diferencia es lo que más me ha interesado en este trabajo, y espero que en algo se haya aclarado.
Como individuos que somos tenemos la gran tarea con nosotros mismos, de aclarar muy exactamente el qué somos, qué queremos y qué debemos; encontrando, normalmente, que estos tres aspectos se contraponen. Pero hay que tener claro que nada, ni nadie podrá vivir esta vida por nosotros, ni hacérnosla vivir de nuevo, así que lo único que queda es ser valiente, afrontar con realismo el propio ser, y no sólo ser un aporte económico para sí mismo, si no que ser un aporte efectivo en lo real con los demás y con el mundo individual, la única propiedad cierta de cada uno.
Creo que es apropiado coronar este intermedio con una canción funeraria, cantada por las plañideras, de la tribu Ba-ílas, de los Azandes de Rhodesia del norte, recogida en 1920 por los reverendos Smith y Dale:
¡Ma! ¡Ma! ¡Ma!
¡Diakomena itoni diakwe!
Kudikwete kudilolobola.
(Querido, querido, querido, qué tamaño el de su enorme miembro. Es algo sin fin. Cuán prolongada ha de ser su erección. Bis)
(Evans-Pritchard, 1929)
Chicureo, enero 6, 1989.
